"Mi vida es una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta" (Pablo Neruda)













jueves, 18 de noviembre de 2010

La educación en la época de Homero

Nobleza y Areté

La educación es una función tan natural y universal de la comunidad humana que por su misma evidencia tarda mucho tiempo en llegar a la plena conciencia de aquellos que la reciben y la practican.

Tal fue también entre los griegos: consiste en una serie de preceptos sobre la moralidad externa y en reglas de prudencia para la vida, trasmitidas oralmente a través de los siglos.

La educación no es posible sin que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal como debe ser. Lo fundamental es la belleza, en el sentido normativo de la imagen, imagen anhelada, del ideal.

La nobleza es la fuente del proceso espiritual mediante el cual nace y se desarrolla la cultura de una nación. La educación no es otra cosa que la forma aristocrática, progresivamente espiritualizada, de una nación.

El tema esencial de la historia de la educación griega es más bien el concepto de areté, que se remonta a los tiempos más antiguos. El castellano actual no ofrece un equivalente exacto de la palabra. La palabra “virtud” en su acepción no atenuada por el uso puramente moral, como expresión del más alto ideal caballeresco, unido a una conducta cortesana y selecta y el heroísmo guerrero, expresaría acaso el sentido de la palabra griega.

En el concepto de areté se concentra el ideal educador de este periodo en su forma más pura. El más antiguo testimonio de la antigua cultura aristocrática helénica es Homero: La Iliada y La Odisea. Hemos de formar en él nuestra imagen del mundo aristocrático e investigar después cómo el ideal del hombre adquiere forma en los poemas homéricos y cómo su estrecha esfera de validez originaria se ensancha y se convierte en una fuerza educadora de una amplitud mucho mayor.

El concepto de areté es usado con frecuencia por Homero, así como en los siglos posteriores, en su más amplio sentido, no sólo para designar la excelencia humana, sino también la superioridad de seres no humanos, como la fuerza de los dioses o el valor y la rapidez de los caballos nobles.

La areté es el atributo propio de la nobleza. Los griegos consideraron siempre la destreza y la fuerza sobresaliente como el supuesto evidente de toda posición dominante.

No obstante, todas las palabras de este grupo tienen en Homero a pesar del predominio de su significación guerrera, un sentido “ético” más general. Ambas derivan de la misma raíz: designan al hombre de calidad para el cual, lo mismo en la vida privada que en la guerra, rigen determinadas normas de conducta, ajenas al común de los hombres.

Característica esencial del noble es en Homero el sentido del deber. Se le aplica una medida rigurosa y tiene el orgullo de ello. La fuerza educadora de la nobleza se halla en el hecho de despertar el sentimiento del deber frente al ideal, que se sitúa así siempre ante los ojos de los individuos.

La lucha y la victoria son en el concepto caballeresco la verdadera prueba del fuego de la virtud humana.  Su esfuerzo y su vida entera es una lucha incesante para la supremacía entre sus pares, una carrera para alcanzar el primer premio.

Íntimamente vinculado con la areté se halla el honor. En los primeros tiempos era inseparable de la habilidad y el mérito.

El hombre homérico adquiere exclusivamente conciencia de su valor por el reconocimiento de la sociedad a que pertenece.
Para Homero y el mundo de la nobleza de su tiempo la negación del honor era, en cambio, la mayor tragedia humana. Los héroes se trataban entre sí con constante respeto y honra. En ello descansaba su orden social entero. La sed de honor era en ellos simplemente insaciable, sin que ello fuera una peculiaridad moral característica de los individuos.
El elogio y la reprobación son la fuente del honor y del deshonor.

Es posible afirmar que la areté heroica se perfecciona sólo con la muerte física del héroe. Se halla en el hombre mortal, es más, es el hombre mortal mismo. Pero se perpetúa en su fama, es decir, en la imagen de su areté, aún después de la muerte, tal como le acompañó y lo dirigió en la vida.
Ser piadoso significa “honrar lo divino”. Honrar a los dioses y a los hombres por causa de su areté es propio del hombre primitivo.

El reconocimiento de la grandeza de alma como la más alta expresión de la personalidad espiritual y ética se funda en Aristóteles, así como en Homero, en la dignidad de la areté.

En estas palabras se revela lo más peculiar y original del sentimiento de la vida de los griegos: el heroísmo. Son la clave para la inteligencia de la historia griega y para llegar a la comprensión psicológica de esta breve pero incomparable y magnífica aristeia. En la fórmula “apropiarse de la belleza”, se halla expresado con claridad única el intimo motivo de la areté helénica.

En este concepto de areté se funda el carácter aristocrático del ideal de la educación entre los griegos.


Cultura y educación de la nobleza homérica

Para completar e ilustrar la explicación de la areté trazaremos una imagen de la vida de la nobleza griega primitiva, tal como nos la ofrecen los poemas homéricos. Desde el punto de vista histórico, la Iliada es un poema mucho más antiguo. La Odisea refleja un estudio muy posterior de la historia de la cultura.

Me parece indudable que la Odisea debió de existir ya en tiempos de Hesíodo. Por otro lado, tengo la persuasión de que los análisis filológicos han realizado descubrimientos fundamentales sobre el nacimiento de la gran épica.

El más antiguo de los poemas, la Iliada, nos muestra el absoluto predominio del estado de guerra, tal como debió de ser en el tiempo de las grandes emigraciones de las estirpes griegas. La Iliada nos habla de un mundo situado en una época en que domina de modo exclusivo el espíritu heroico de la areté y encarna aquel ideal en todos sus héroes. Junta, en una unidad ideal indisoluble, la imagen tradicional de los antiguos héroes.

La Odisea halla raras ocasiones de describir la conducta de los héroes en la lucha. Pero si algo resulta establecido sobre el origen de la epopeya, es el hecho de que los más antiguos cantos heroicos celebraban las luchas y los hechos de los héroes y que la Iliada tomó sus materiales de canciones y tradiciones de este género.

La Odisea nos ofrece otra imagen. El motivo del retorno del héroe, que se une de modo tan natural a la guerra de Troya, conduce a la representación intuitiva y a la tierna descripción de su vida en la paz.
Estos cantos son en sí mismos antiquísimos. Cuando la Odisea pinta la existencia del héroe tras la guerra, sus viajes, su vida familiar, toma su inspiración de la vida real de los nobles de  su tiempo y la proyecta con ingenua vivacidad a una época más primitiva. Así, es nuestra fuente principal para el conocimiento del estado de la antigua cultura aristocrática.
Se ve claramente que sus descripciones no pertenecen a la tradición de los viejos cantos heroicos, sino que descansan en la observación directa y realista de cosas contemporáneas.

La nobleza de la Odisea es una clase cerrada, con fuerte conciencia de sus privilegios, de su dominio y de sus finas costumbres y modos de vivir. En lugar de las grandiosas pasiones de las imágenes sobre humanas y los trágicos destinos de la Iliada, hallamos en el nuevo poema un gran número de figuras de un formato más humano.

Presuposiciones de la cultura aristocrática son la vida sedentaria, la posesión de bienes y la tradición. Estas tres características hacen posible la transmisión de las formas de vida de padres a hijos.  A ella es preciso añadir una “educación” distinguida, una formación consciente de los jóvenes de acuerdo con los imperativos de las costumbres cortesanas.

La educación, considerada como la formación de la personalidad humana mediante el consejo constante y la dirección espiritual, es una característica típica de la nobleza de todos los tiempos y pueblos.

La más alta medida de todo valor, en la personalidad humana, sigue siendo en la Odisea el ideal heredado de la destreza guerrera. Pero se añade ahora la alta estimación de las virtudes espirituales y sociales destacadas con predilección en la Odisea. Su héroe es el hombre al cual nunca falta el consejo inteligente y que encuentra para cada ocasión la palabra correcta.  

Este carácter no es la creación individual de un poeta. Siglos enteros han cooperado a su formación. La figura del aventurero astuto y rico en recursos es creación de la época de los viajes marítimos de los jonios.

En parte alguna de la Iliada, es Homero, en tan alta medida, el maestro y guía de la tragedia.  La estructura de la Iliada toma, así un matiz ético y educador y la forma del ejemplo pone de relieve el aspecto fundamental del caso: la acción constructiva de la Némesis sobre la conciencia. Todo lector siente y comparte íntimamente, en toda su gravedad, la definitiva decisión del héroe, de la cual depende el destino de los griegos, el de su mejor amigo Patroclo y, en último término, su propio destino.

La Odisea constituye una bella invención compuesta de dos partes separadas: Odisea, alejado y retenido en la isla de la amorosa nifa, rodeada por el mar, y su hijo inactivo, esperándole en el hogar abandonado. Ambos se ponen al mismo tiempo en movimiento para reunirse al fin y asistir al retorno del héroe.
La técnica épica le permite reunir en la unidad de una sola acción la intervención divina y el influjo natural educador, haciendo que Atenea hable a Telémaco en la figura del viejo amigo y huésped, Mentes. Este procedimiento acerca la invención al sentimiento natural humano, de tal modo que todavía hoy se nos aparece en su íntima verosimilitud.

Todo se trata sobre la significación pedagógica del ejemplo. En los tiempos primitivos, cuando no existe una recopilación de leyes ni un pensamiento ético sistematizado, aparte unos pocos preceptos religiosos y la sabiduría proverbial, transmitida oralmente de generación en generación, nada tan eficaz para guía de la propia acción, como el ejemplo y el modelo.

La evocación del ejemplo de los famosos héroes y de las sagas forma, para el poeta, parte constitutiva de toda ética y educación aristocráticas. Habremos de insistir en el valor de este hecho para el conocimiento esencial de los poemas épicos y de su raíz en la estructura de la sociedad arcaica.

Homero el educador


Cuenta Platón que era una opinión muy extendida en su tiempo la de que Homero había sido el educador de Grecia.
La concepción del poeta como educador de su pueblo fue familiar desde el origen, y mantuvo constantemente su importancia. Sólo que Homero fue el ejemplo más notable de esta concepción general y, por decirlo así, su manifestación clásica.

Es característico del primitivo pensamiento griego el hecho de que la estética no se halla separada de la ética. El proceso de su separación aparece relativamente tarde.
Sólo puede ser propiamente educadora una poesía cuyas raíces penetren en las capas más profundas del ser humano y en la que aliente un ethos, un anhelo espiritual, una imagen de lo humano capaz de convertirse en una constricción y en un deber. 

El arte tiene un poder ilimitado de conversión espiritual. Es lo que los griegos denominaron psicagogia. Sólo él posee, al mismo tiempo, la validez universal y la plenitud inmediata y vivaz que constituyen las condiciones más importantes de la acción educadora.

Homero nos ofrece múltiples descripciones de los antiguos aedos, de cuya tradición artística ha surgido la épica. El propósito de aquellos cantores es mantener vivos en la memoria de la posteridad los “hechos de los hombres y de los dioses”. La gloria y su mantenimiento y exaltación, constituye el sentido propio de los cantos épicos. Las antiguas canciones heroicas eran muchas veces denominadas “glorias de los hombres”.

Tal es la concepción originariamente helénica. Parte de la unión necesaria e inseparable de toda poesía con el mito y de ahí deriva la función social y educadora del poeta. Esta no consiste para Platón en ningún género de designio consciente de influir en los oyentes. El solo hecho de mantener, mediante el canto viva la gloria, es ya, por sí, una acción educadora.

Los mitos sirven siempre de instancia normativa a la cual apela el orador. No tiene un carácter meramente ficticio, aunque sea sin duda alguna, originariamente, el sedimento de acaecimientos históricos que han alcanzado su magnitud y la inmortalidad, mediante una larga tradición y la interpretación glorificadora de la fantasía creadora de la posteridad.

La intervención de los dioses en los hechos y los sufrimientos humanos obliga al poeta griego a considerar siempre las acciones y el destino humano en su significación absoluta, a subordinarlos a la conexión universal del mundo, y a estimarlos de acuerdo con las más altas normas religiosas y morales.

Una de las peculiaridades del lenguaje épico es el uso esteriotipado de epítetos decorativos. Constituyen un elemento indispensable de este arte, acuñado por una tradición de siglos y aparecen constantemente en él aun donde no hacen falta incluso cuando perturban.

Los cantos heroicos se dirigen a la creación de ejemplares heroicos.

La historia y la filosofía nacieron y se desarrollaron directamente de la discusión de las ideas relativas a la concepción del mundo contenidas en la épica, podremos afirmar sin más que la épica es la raíz de toda educación superior en Grecia.



Werner Jaeger – PAIDEIA

No hay comentarios:

Publicar un comentario